Libertad para los niños, niñas y adolescentes del Triángulo Norte

La libertad adopta varias formas en nuestras vidas: la libertad personal, libertad de movimiento, libertad de expresión, y la lista sigue. Tristemente, para muchos niños, niñas y adolescentes migrantes de Honduras, El Salvador y Guatemala–subregión centroamericana conocida como el Triángulo Norte–la libertad es un sueño, un cuento de algo que existe muy lejos de la realidad que viven.

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La subregión en Centroamérica conocida como el Triángulo Norte

¿La libertad de crecer en un entorno sin violencia?

En el 2014, el Triángulo Norte se hizo visible en los titulares de la prensa internacional debido al número sin precedentes de niños, niñas y adolescentes que migraron solos y fueron aprehendidos en Estados Unidos y México. Migraron por numerosas y múltiples razones, pero la mayoría salió huyendo de una creciente violencia e inestabilidad en su país natal.

«Mataron a los dos policías que protegían nuestra escuela y mataron a dos niños con los que iba a la escuela. Me esperaron fuera de la escuela. La mara me dijo que si volvía a la escuela no llegaría vivo a casa.» – Alfonso 17, El Salvador*

 

 

Las tazas de homicidio de los países del Triángulo Norte están entre las más altas del mundo, y Honduras es el país con más homicidios a nivel mundial, reflejando el creciente poder de pandillas y grupos del crimen organizado, así como la fuerte presencia de redes de trata de personas y trafico de drogas. Así, sea en casa o durante su viaje, todos los niños, niñas y adolescentes que son originarios de o transitan por el Triángulo Norte son vulnerables a la violencia, trata, extorsiones y reclutamiento forzado por parte del crimen organizado, y por lo general, carecen también de una adecuada protección social e institucional de sus derechos.

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Dibujos por niños detenidos en Estados Unidos sobre su vida en Honduras (Fuente: End Family Detention)

¿El derecho a la libertad personal?

Estos niños, niñas y adolescentes necesitaban salir de sus casas y buscaban seguridad en Estados Unidos, México y otros países de la región. Pero en lugar de encontrar países que al recibirlos les brindaran apoyo y protección, fueron puestos detrás de rejas por ser migrantes y no contar con los documentos adecuados. Con ese encierro se vulneraron aún más sus derechos y se les impidió salir a jugar, ir a la escuela y encontrar consuelo en un techo que les ofreciera calidez y tranquilidad. Así, sus sueños de una vida segura, se convirtieron en pesadillas y ansiedad.

«Si me dieran a elegir entre quedarme encerrado y morir, prefiero morir.» -Adolescente hondureño solicitante de asilo, 120 días encerrado en un centro de detención en México*

 

 

Más de 51,000 niños, niñas y adolescentes no acompañados, originarios del Triángulo Norte fueron detenidos en Estados Unidos en 2014; y en el mismo año en México, casi 23,000 niños, niñas y adolescentes del Triángulo Norte fueron detenidos y forzados a regresar a su país. Ante esta llamada crisis humanitaria, el gobierno de Estados Unidos destinó más de 3,500 nuevos espacios en centros de detención para familias migrantes centroamericanas; mientras que México incrementó y reforzó los controles migratorios en la frontera sur, con énfasis en la detención y retorno de niños, niñas y adolescentes de origen centroamericano para ‘protegerles’. Encerrados, muchas veces los niños, niñas y adolescentes no tienen la oportunidad de contar sus historias y la detención puede hacerles sufrir de nuevo las traumáticas experiencias que han vivido. Peor aún, a menudo son devueltos a las mismas situaciones de violencia de las que salieron huyendo.

Cada semana, miles de niños, niñas y adolescentes están retornados a Honduras, El Salvador y Guatemala, donde no cuentan con el apoyo adecuado para su reintegración ni para estar a salvo.

Así, muchos se ven forzados de huir de nuevo. Ahora, el incremento y endurecimiento de las políticas de control migratorio en las fronteras incluyen también a los países del Triángulo Norte; en ellos, los niños, niñas y adolescentes también están en riesgo de estar encerrados, incluso por los autoridades de su propio país que les prohíben salir. En consecuencia, los niños, niñas y adolescentes toman rutas cada vez más peligrosas y clandestinas, haciéndoles aún más invisibles y vulnerables.

Ningún país puede tratar con los temas de migración irregular, violencia, pobreza e instabilidad nacional por sí mismo. Se requiere dialogo y esfuerzos coordinados no sólo de los gobiernos, sino también de las sociedades civiles y las mismas comunidades de migrantes en los países de destino, tránsito y origen. A pesar de los desafíos que plantea la protección de los derechos de los niños, niñas y adolescentes en la migración, una cosa es segura: es tiempo de garantizar la libertad para los niños, niñas y adolescentes del Triángulo Norte, en todas las dimensiones y matices que lleva implícita esa palabra.